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El comienzo de Hitler y su ideología

El comienzo de Hitler y su ideología:

Mucho antes de la llegada de Hitler al poder estas ideas fueron creciendo en escenario ya de por sí racista. A principios del siglo XX existían muchas organizaciones en Alemania y Austria que combinaban la ideología racista con la práctica del ocultismo. Pero sólo fue al terminar la Primera Guerra Mundial cuando estas ideas se hicieron populares. Al final de "la gran guerra", el una vez el poderoso imperio alemán, se encontraba desarmado y a merced de las naciones vencedoras. En las calles de las grandes ciudades los veteranos mutilados vagaban por las calles como fantasmas de otra época. Millones de personas se encontraban sin empleo y la inflación era exorbitante con la recesión el hambre y la pobreza se encontraban por doquier. La gente necesitaba un chivo expiatorio. El miedo y la desconfianza hacia los extranjeros iban en aumento.

Después de servir con honores en la Primera Guerra Mundial (demostró ser un soldado entregado y valiente, pero la más alta graduación que consiguió fue la de cabo, debido a que sus superiores consideraban que carecía de dotes de mando), Hitler fue destinado a Munich, allí su trabajo en el ejército consistía en infiltrarse en las organizaciones de izquierdas.

Una misión cambió el curso de su vida. Se infiltró en una organización de un influyente club político llamado Partido Obrero Alemán. Pero lejos de ser la organización comunista que su nombre daba a entender, resultó pertenecer a la extrema derecha. Hitler atraído por lo que allí se decía se unió a ellos y acabó por convertirse en líder de la organización.

En unos de los mítines en que Hitler habló, se encontraba un desilusionado veterano de guerra llamado Rudolf Hess. Hess estaba convencido de que el ardiente orador que había tomado la palabra, no era otro que el tan esperado Mesías profetizado en los círculos de ocultismo alemán. Junto al filósofo racista, Alfred Rosenberg, Hess fue seguidor de una de las sociedades más importantes de Alemania que buscaba de forma activa un Mesías germánico y que estaba dedicada al resurgimiento de la suprema raza aria. Era la sociedad Thule (Thule Gesellschaft), sus miembros practicaban la astrología y algunos rendían culto a un espíritu maligno que llamaban "científico", en la creencia de que éste les ayudaría a alcanzar su meta. Su emblema era una daga sobre una cruz gamada curva. Entre sus miembros se encontraban algunos de los hombres más poderosos de Munich (empresarios y militares de alta graduación). Esta sociedad financiaba al Partido Obrero Alemán de Hitler.

En 1920 el partido de Hitler cambió oficialmente su nombre por el de Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo o NSDAP (Nationalsozialistiche Deutsche Arbeiter-Partei) o como pronto sería conocido el partido nazi. Con Hitler como líder, el partido nazi creció con rapidez, atrayendo a la gente con un delirante mensaje de miedo y vehemente oratoria. Él representaba al carismático y poderoso líder que todos esperaban desde la guerra.

Como muchos alemanes y austriacos de la época, Hitler vivió en un entorno que ya era de por sí hostil al judaísmo. No era difícil encontrar esas ideas en publicaciones tales como Ostara. Una revista de ocultismo, declaradamente racista y escrita por un renegado además de monje retirado y místico. Esta publicación puede ser un ejemplo de cómo Hitler adquirió su racismo y antisemitismo, ya que incluso acudió a la editorial para obtener números atrasados. De gran popularidad en la época, publicaba que los nórdicos o razas arias tenían que temer de la gente que cuya piel era más oscura que la suya y señalaban a los judíos como los más peligrosos. Ostara afirmaba que los judíos estaban impidiendo a los arios ocupar su legítimo lugar como soberanos del mundo. Ostara siempre comenzaba: Sind Sie blond? Sind Sie Idealist? Dann lesen Sie die "Ostara", Bücherei der Blonden und Mannesrectler ("Es usted rubio? Es usted idealista? Entonces lea Ostara, una publicación para rubios y para los derechos del hombre"). La publicación daba una idea de lo que llegaría a ser el mundo nazi; hablaba de la selección racial, el programa Lebensborn e incluso de los campos de exterminio.

A partir de estas ideas Hitler desarrolló teorías sobre la raza, que fueron posteriormente influenciadas por Alfred Rosenberg que más tarde llegaría a convertirse en la mano derecha del Führer en materia espiritual. En su libro "Der Mythus des 20.Jaherhunderts" el mito del siglo 20, Rosenberg reinventa la historia germana y explica las bases del nuevo credo nazi "la religión de la sangre". Vio en la sangre el sentido religioso como factor determinante, una iglesia debía estar basada en la sangre y no en la fe o las creencias. Las razas nórdicas estaban unidas por la sangre, y para Rosenberg la sangre, la estirpe y la identidad racial constituían las claves de esta nueva ideología. Rosenberg predicaba que la sangre era portadora del alma de la raza.

La mitología nórdica remplazó a la Biblia cristiana como fundamento de la nueva religión nazi. Rosenberg escribió: "Hoy nace una nueva religión "el mito de la raza", la creencia de que la esencia divina debe ser defendida a través de la sangre". Hitler llevó aún más lejos la idea de Rosenberg y escribió: "Las antiguas creencias volverán a resurgir para ser respetadas de nuevo, el total conocimiento de la naturaleza secreta del bien y del mal eliminará el barniz del cristianismo y traerá una religión propia de nuestra raza".

Como símbolo de la nueva religión Hitler eligió la esvástica. A través de la historia podemos encontrar la esvástica en diferentes culturas; desde tiempos remotos fue el símbolo de buena suerte en china y actualmente continúa siendo un símbolo religioso en el hinduismo y en el budismo. Para los nórdicos representa el martillo de Thor, el dios del rayo y el trueno, es como una especie de dios patriótico. Para los vikingos representaba el sol ártico adorado a través del culto pagano como portador de vida y buena fortuna. Para Hitler la esvástica tenía un significado diferente, escribió: "En la esvástica vemos representada la lucha del hombre ario por alcanzar la victoria".

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En las óperas de Richard Wagner Hitler vio una y otra vez la victoria. Los caballeros andantes, las aventuras épicas de tradición teutónica, la mitología nórdica de guerra y las fuerzas del bien y del mal, eran tramas comunes en la cultura germánica. Adolf Hitler apenas tenía 12 años cuando asistió a la primera ópera de Wagner. De adulto se convirtió en un obsesivo admirador del compositor. Wagner fue una de las personas más admiradas por Hitler durante toda su vida. El genio que Wagner poseía para todo lo solemne, se convirtió en fuente de inspiración para los grandiosos mítines que Hitler pronto organizaría, en donde era a menudo interpretada la música de Wagner.

Parsifal, la ópera de Wagner, en la que se ensalza el poder de la pureza racial, fue brote de inspiración para Hitler. Se trata de una antigua historia épica que relata la búsqueda del santo grial. De acuerdo con la leyenda el santo grial era una copa mística que contenía sangre sagrada, y concedía poder ilimitado al que bebiera de él. Se creía que el santo grial sólo podía ser hallado por el más puro de los caballeros. En Parsifal, Wagner, aportó a la leyenda su propia ideología. Parsifal era un símbolo clave en la imaginación de Hitler, a menudo hablaba de reestablecer "la religión de Parsifal". En la ópera sólo había compasión para los elegidos, para los arios. En 1938, Hitler, encargó su propio retrato ataviado de caballero.

Richahrd Wagner

 

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